domingo, 1 de septiembre de 2013

Perdona por ser tan narcisista, pero quién soporta mi mente caótica, quién se arropa en el frío de las noches en vela, quién busca el alivio en las venas, quién. Y si no miro más allá de mí será para no reconocerme en nadie ya que nadie me reconocería, quién respira el aire muerto de vida, y quién me entiende (y ni eso) si mi voz sólo sale hacia dentro, si soy mil demonios y ni uno ciego, porque nadie soportaría esta carga y es que no les pesa, quién sabe si son mentes ciegas o son mis ojos, quién descifraría mis palabras, quién desenredaría mi mente si no conocen mis nudos, quién. Nadie apreciaría la belleza de este desastre, y quién intentaría no hacerlo, esa manía de vida que odio y que a la vez anhelo, no la quiero. Quién vería la igualdad entre las cosas opuestas. Quién se iría entre los mares de lágrimas, quién no temería al dolor e intentaría transformarlo en felicidad subsistida, quién entendería la plenitud del vacío.
Ser yo aunque signifique ser nada antes que ser nadie. La ironía del masoquismo, dolor como anestesia, la hipocresía de los que sólo ven marcas, la falsedad de los que dicen ver más y en realidad no ven nada. Desordenar mis esquemas. Deshacer mis pasos. Saber que me malinterpretarían, simpleza del conformismo.
Perdona por ser narcisista.

martes, 27 de agosto de 2013

Ni siquiera los segundos pasan al unísono en este mundo roto, donde pesa más la palabra de un político que de un mendigo, donde la "belleza" insustancial de las cosas bonitas llena a las personas podridas. Y cuando todo te resulta tan ridículamente mediocre te das cuenta de que ni intentarías encontrar algo que te hiciera respirar, y cuando entiendes el miedo, cuando entiendes la tristeza, cuando lo entiendes dejas de ansiar sin tener y asumes que no tienes nada y que "merecer la pena" es algo relativo, y que el sentido de las cosas es no entenderlo. Desnudas tu mente y te encuentras un reloj roto y unas sábanas, una hoja en blanco y un lápiz sin punta, quién lo diría. Te escondes de los demás y acabas por no encontrarte. Y cuando despiertas y no reconoces tu vida, sabes que nadie llegaría a comprenderlo, porque ellos siempre buscan algo que les haga respirar.

miércoles, 12 de junio de 2013

Hace tiempo que no escribo. Quizá es que no tengo nada que decir, quizá que ya no puedo exprimir más este vacío. Quizá es que necesito menos palabras mías y más tuyas. Sola ante mi abismo, y es que no es lo mismo no tener alas que tenerlas rotas. Romperlas. Quizá sea inevitable caer, pero es tan duro ver el cielo alejarse sin poder atraparlo. Total, nadie querría ser viento pudiendo hacerte corriente.

domingo, 19 de mayo de 2013


El despertador sonaba a las siete y media de la mañana y con él la tediosa rutina. Intentaba poner orden en su habitación caótica, recogía del suelo la ropa y colocaba un marca páginas a sus libros entreabiertos de poesía barata. El suelo crujía frente a sus pies descalzos, y el café aguado reposaba en el alfeizar de su ventana, humeante. Respiraba la soledad de una mañana de invierno y el frío se entremetía entre su ropa, como siempre, insuficiente.
El cielo, aún con los colores del amanecer, la aprisionaba en el mundo, su mundo. Las palabras del día a día golpeaban su cabeza como la lluvia en abril. La tierra cedía al agua para convertirse en barro, pero ella se mantenía firme y las palabras rayaban su superficie. Un mensaje, una sonrisa, un "buenos días" o simplemente unas palabras amables. Algo que se saliera de la cortesía, una muestra de cariño era lo que anhelaban sus lágrimas.
Miles de adolescentes cruzan las puertas del instituto cada mañana. Sus miedos, alegrías o inquietudes mueven sus pasos y los impulsan a actuar de una manera determinada. ¿Ella? Ella se mantenía neutra ya que no tenía nada a lo que atenerse. Puede que la esperanza, el quizás, la incertidumbre, fuera la gasolina que la hacía no ignorar el despertador cada madrugada del lunes. Porque, al fin y al cabo, no intentarlo es como imponerse un no por respuesta sin formular la pregunta.
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Para  Juanfer, por motivarme a seguir escribiendo y animarme cuando no quiero hacerlo. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

El amor había muerto hace mucho para ella, y aquello sobre lo que todo parecía girar, eso tan indispensable para todos, le era indiferente. Creía estar por encima de esa enfermedad a la que llamaban estar enamorado, que todo era un engaño, que nada de eso existía. Puede que el resto del mundo no, pero ella podía llegar a ser feliz sola, y depender de alguien para sentirse completo equivalía a no estarlo. El amor era un parche temporal que a la larga no funcionaba. Un complemento que no era indispensable. Pero ningún corazón es de piedra, y pese a que intentó revelase contra ese sentimiento se dio cuenta de que era tan vulnerable como todos los demás. Se había cansado de la soledad, necesitaba querer y que la quisieran. Y después de haber pasado su vida rehuyendo el amor, no creía saber cómo buscarlo. Nada conseguía despertar algo en ella, quizás estaba añorando algo que no podía tener, quizás ella no sabía amar. Le estaba rezando a un dios en el que no creía, y pese a que hablaba para nadie tenía la esperanza de que alguien la escuchara.

domingo, 21 de abril de 2013

Quién querría querer a un corazón atípico.. Nadie me salva de mis noches de frío y tormenta, efímero miedo el de tus ojos en los míos, le estoy llorando a un dios que está muerto. 

viernes, 19 de abril de 2013

Siempre he buscado todo lo grande, lo extraordinario. Grandes momentos. Grandes experiencias. Grandes vivencias. Pero me he dado cuenta de que las grandes cosas no llegan o lo hacen muy tarde. Y, aunque suene a tópico, lo importante no es la meta, lo importante es el camino. Siempre creí que el sentido de la vida está en la felicidad, aunque la felicidad tampoco tenga sentido. Siempre la perseguí sin creer que lograría encontrarla, y pese a que hubo momentos en los que todo parecía ir bien, momentos en los que no había motivos para ser infeliz , nunca llegaba a sentirme totalmente llena. He llegado a la conclusión de que la felicidad no existe mas que en pequeñas dosis. Me enseñaron que la felicidad es algo permanente, que perdura durante grandes períodos. Ahora me doy cuenta de que la diferencia está en el detalle. Que puedo ser feliz una semana o media hora. O meses o días. Pero sobretodo me doy cuenta de que si intentas ser feliz de cara al futuro y no al presente no llegarás a experimentarlo nunca. Me he pasado la vida haciendo planes de futuro que se han caducado y he ido reemplazando, pero solo son eso, planes, futuro. Y pensando y planificando se me escapa el presente y todos estos años que arrastro. He decidido cambiar mi forma de actuar. Y de aquí en adelante me levantaré e intentaré ser feliz, día a día, y apuesto a que acabaré siéndolo simplemente al intentarlo.